Exigimos las mismas oportunidades para garantizar el pleno desarrollo de nuestras culturas, y contribuir activamente en la construcción de una sociedad, cuyas características sean pluriétnicas, multiculturales y plurilingües: como lo son en la realidad. Los pueblos indígenas no desean impulsar su desarrollo al margen de otras culturas (no indígenas), porque sería estar en contra de la historia. Sobre todo en estos momentos, en que el mundo vive la mayor globalización de la economía y de la política, se acentúa la imposición de una visión materialista y mercantilista del mundo, desplazando a todas las demás.
Existe una persistente negativa de los Estados y otros actores internacionales, a reconocer a los pueblos indígenas como lo que han sido por milenios y siguen siendo hoy: pueblos con plena capacidad de determinarse libremente, con un bagaje cultural que aportar a una humanidad cada vez más confundida sobre su destino común, cada vez menos solidaria y consciente de su responsabilidad en la preservación del equilibrio natural y cada vez más impotente frente a minorías que imponen sus designios a costa del bienestar y la dignidad generales.
Las condiciones económicas y sociales que viven los pueblos indígenas son indignantes, ofenden la conciencia humana y sólo mejorarán si se parte de nuevas relaciones que tengan como principio: la justicia, la equidad, el desarrollo colectivo de los pueblos y la democratización de las estructuras y relaciones mundiales que permitan la participación plena en la determinación del destino de nuestros pueblos, lo cual constituye nuestras principales aspiraciones y demandas.